sábado, 5 de enero de 2008

Ubicuhén-Novela-Fragmento: Una discusión estética.

Roque caminó decidido hacia donde estaba Agustín no bien lo reconoció, iba acompañado de un hombre alto y obeso con la cabeza rapada vestido con una especie de quimono negro. A Roque no se le ocurrió en ningún momento que su aparición pudiera ser inoportuna, y, obviamente, ni se enteró del vano intento de ocultamiento de Agustín.
-Hola, Agustín.
-Roque, ¿ cómo estás?
Roque saludó educadamente y presentó al hombre que lo acompañaba como Hugo, un músico excepcional que estaba al tanto de su proyecto; lo que obligó a Agustín a realizar el mismo ritual respecto a Beatriz.
-Los invito a tomar una copa. –anunció decidido y generoso Roque.
-No quisiera que...
Sin ser demasiado consciente de sus acciones, (o intentando no serlo), Agustín se encontró sentado a la barra junto a Beatriz, Roque a la izquierda y Hugo un poco más allá. Cada uno tenía frente a sí un vaso recién servido por el solícito y excesivamente simpático barman; Agustín se dijo que no debía permitir que su irritación obnubilara su capacidad de pensamiento.
Beatriz elevó el vaso con su mano derecha y lo llevó a sus labios, y Agustín notó que el pulso aún era firme, tendría que esperar el efecto que produciría el segundo gin tonic.
-Así que Benito tenía una nieta hermosa y la mantenía oculta. –comentó Roque intentando ser halagador.
-Gracias.
Agustín dijo- Benito era un prestidigitador hábil.
-¿ Vos también conocías a mi abuelo?
-Un poco, conversábamos de Historia o me asesoraba para conseguir alguna bibliografía difícil, era un tipo muy culto, era agradable hablar con él.
-Sí y tenía un gran sentido del humor.
-Hugo, ¿ vos que tipo de música hacés? –preguntó Agustín intentando variar el tema de la conversación.
-Es un género un poco difícil de definir.
-Hugo es un genio. –opinó Roque con entusiasmo.
Hugo sonrió, Beatriz, sorprendida, preguntó- ¿ Vos sos Hugo Klapenbaj?
-Sí. –respondió Hugo modestamente pedante con la satisfacción evidente de haber sido reconocido.
-¿ Quién carajo es este tipo?, se preguntó Agustín al tiempo que aumentaba su irritación.
-Mi música es el folklore de otros mundos... –dijo Beatriz.
Hugo sonrió feliz y dijo- Así que leíste el reportaje...
Roque miró a Agustín como diciendo “¿ves los amigos que tengo?”, o al menos eso le pareció a Agustín, que dudó entre putearlo o sonreírle, optó por la sonrisa.
-Sí, pero no entendí completamente la idea. –aclaró Beatriz.
-Bueno, no es nada original ni complicada. –anunció Hugo.
Seguro, pensó Agustín.
-A mi me pareció interesante. –apuntó Roque- ¿ Y a vos qué te pareció, Agustín?
-Nada, no leí el reportaje.
Hugo comenzó su explicación- La idea es romper un poquito con las tradiciones e intentar hacer una música un poco más libre, pero sin intentar tampoco construir una vanguardia, nada de música atonal o aleatoria... sino una forma de disponer la sensibilidad, de ampliarla para componer y ejecutar música, es en ese sentido que digo que mi música es el folklore de mundos que ya fueron, que aún no han sido o tienen todavía la posibilidad de ser... es una idea un poco delirante pero que tiene que ver con la búsqueda de una finalidad trascendente... creo que, en algún sentido, mi música sirve para conectarme con otro ámbito que no es real, al menos en la forma que lo entendemos cotidianamente...
-Algo así como una religiosidad musical. –comentó Agustín, y Hugo se volvió hacia él mirándolo gratamente sorprendido, como si hubiera escuchado las palabras exactas de un sujeto inesperado.
-Sí, claro, una religiosidad musical, el arte como una de las formas de superar los límites que nos impone nuestra condición, una forma de conexión con lo más elevado...
-Qué manera de decir estupideces. –se escuchó con claridad desde la derecha y todos dirigieron la mirada hacia el severo opinante: un hombre delgado, de pelo corto, de barba apenas insinuada que fumaba un cigarrillo con la vista fija en el vaso de whisky que tenía frente a sí sobre la barra. Permaneció en silencio, aparentemente ajeno al interés o a la animosidad que habían despertado sus palabras.
Hugo prosiguió- Como decía... creo que la música puede ser una de las formas de conexión con la trascendencia...
-Seguimos con las estupideces... –comentó el hombre del vaso de whisky.
Esta vez Hugo no pudo continuar con su indiferencia- Ya pasaste todo límite
-No te calentés , Hugo, debe estar en pedo. –pidió Roque.
Hugo se puso de pie y se acercó al hombre- ¿ Cuál es tu problema?
-Mi problema son las palabras vacías... la ilusión de trascendencia... el engaño que se repite a través del tiempo con mitologías cada vez más endebles... que no son más que construcciones mentales para no enfrentar lo real tal cual es..
Beatriz y Agustín se miraron divertidos; Hugo replicó- Enfrentar lo real tal cual es es una frase completamente vacía, vos tampoco estás libre de decir estupideces.
-Nadie lo está, claro que no. –admitió tranquilamente el bebedor- Pero comprender que sólo tenemos las palabras para balbucear, que estamos condicionados por la cárcel del lenguaje que no nos acerca a lo real. Sólo lo nomina en la única forma que podemos comprenderlo; comprender esto y callar, o hablar sólo lo indispensable es la única forma de mantener una actitud más o menos digna.
Hugo se quedó mirándolo pensativo por unos segundos, luego admitió- Por ahí tenés razón, pero no me gusta la forma en que lo decís. –Su puño izquierdo se dirigió velozmente hacia la mejilla del bebedor de whisky, que echó su cabeza hacia atrás para evitar el golpe, de todos modos el puño lo alcanzó pero no tuvo la fuerza suficiente para derribarlo del taburete o para evitar que respondiera con un golpe al estómago de Hugo. Agustín experimentó una alegría malsana cuando vio que aquella riña inicial se convertía en una gresca masiva que incluía a Roque, al excesivamente simpático barman, a encargados de seguridad, a chicos que buscaban una diversión más explícita que la sugerida por la danza y el alcohol, y a chicas que defendían a sus queridos o meramente pendencieras

No hay comentarios: