viernes, 28 de diciembre de 2007

Berni sirve un gin tonic.

Berni se acercó con un sonrisa y pregunto-¿Qué tal, Doctor, cómo va?
-Bien, Berni, ¿ y vos?
-Y acá, aguantando pero bien.
-¿Marcelo?
-Llega después de las siete.
-Así que sos el patrón por un rato.
-Sí, claro y tengo todo el laburo. ¿Qué van a tomar?
El hombre se volvió hacia su compañera, y entonces, por unos segundos, la desconoció; la mujer dijo-Para mí, una coca.
-A mí traeme un gin tonic.
-Listo. -Bernie se alejó y saludó sonriente a una pareja que se había sentado a una mesa próxima.
El hombre encendió un cigarrillo, y miró por la ventana: un remisero intentaba estacionar su auto ante el fastidio de los automovilistas que veían interrumpido su tránsito por preciosos segundos.
-No vas a decir nada....-dijo la mujer.
-Me extrañó tu llamado, no sé que decir, pasaron casi diez años...
-Pero viniste...
-Curiosidad, por ahi.
-Ah...
Berni regresó con lo pedido, el hombre corrió el libro para que pudiera dejar los vasos, las botellas y los platitos con aceitunas, papas fritas, maníes y diminutos dados de queso.
-Gracias.
La mujer bebió un trago de su coca y el hombre apagó el cigarrillo y tomó una aceituna.
-¿Curiosidad por verme?
-Te vi más de una vez en estos años...
-¿Sí?
El hombre recordó una mañana: un semáforo lo había detenido en su viaje al colegio, siempre le habían parecido demenciales los horarios a que eran sometidos los educandos; el original pensamiento fue interrumpido por la visión de una mujer vestida con elegancia que caminaba ensimismada en sus pensamientos; a pesar del maquillaje y de la atención que había puesto en el peinado, se veía ajada y decrépita, desgastada por la inexorable piedra del tiempo.
-Sí, en algunas marchas, no estoy seguro de que vos no me vieras...
-No te vi
-Claro, estabas atenta a la causa...
-No tenés que ser irónico...
-Disculpame, pero algo te conozco... -el hombre bebió un trago de su gin tonic.
-¿Hemingway?-preguntó la mujer señalando el vaso.
-Sí.
-Me gustaría tener esa constancia.
-No te preocupés, la tenés, claro que no coincidimos en los ámbitos...
-Vos hablás de mi matrimonio...
-No específicamente, pero sí, si querés incluirlo...
-Los chicos...
-No, está bien, entiendo, vos sabés que siempre me tocó entender...
La mujer lo miró con los ojos llorosos mientras él bebía otro trago de su gin tonic-¿Por qué sos tan duro?
-A mí ya me toco llorar, no hubo explicación entonces, no sé por qué tendría que haberla ahora...
-Me voy. -dijo ella ahogando un sollozo.
-No. -dijo el hombre tomándola del antebrazo y reteniéndola-No así.
-¿Qué querés?
-¿No ves que ya está? Hicimos lo que pudimos, no fuimos capaces de más o no valía la pena, quedemos así... es inútil seguir haciéndonos daño...
La mujer dudó unos segundos y luego bajó la mirada, con resignación dijo-Tenés razón. -y se quedó un rato mirándolo. Luego le apretó con fuerza la mano, se puso de pie y salió.
El hombre recordó marchas, el deseo de un país más justo, la bronca y la pasión-palabras vacías de casi todo contenido- mientras daba pequeños tragos a su vaso, luego extendió apenas la mano derecha en dirección a la barra y Berni sirvió otro gin tonic.

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