martes, 23 de diciembre de 2008

Sublimaciones II.

Más allá del páramo
y las sombras temidas,
con la perversa inocencia
de los elegidos
habitás el momento.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Sublimaciones I.

1.Esa música,¿la ignorás?,
no es para mí
un fuego esquivo.

2.Entonces impugné
la avaricia del futuro
fue una apuesta certera,
estabas.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Persisten...

La ausencia:
no estoy donde están
soy un fuego fatuo
o meramente soy,
no me salva
la ironía
(Los dioses
persisten)...

sábado, 18 de octubre de 2008

Canciones leves

Canciones de Julio C. Páez interpretadas por Maelstromx1 en mp3 que se pueden bajar gratuitamente.

lunes, 23 de junio de 2008

Spandau, poema ahora es música o más o menos

que podés escuchar gratuitamente en ese lugar http://www.esnips.com/web/Spandau

domingo, 16 de marzo de 2008

Otros apuntes 4.

Cuando sólo
queda el ritual
es que ya
formás parte
de un posible pasado.

martes, 12 de febrero de 2008

Veinticuatro horas-cuento-quinta parte.

Charlie
Después del llamado de Sofía fue incapaz de concentrarse en el
trabajo, le pidió disculpas a la clienta y le dijo que se sentía un
poco mareado, luego llamó a Rober para que terminara. Caminó hasta
la oficina, cerró la puerta, se sentó en el sillón y puso los pies
sobre el escritorio. Estaba tenso. Se debatió unos segundos con la
tentación de encender un cigarrillo y al cabo lo encendió. Mientras
exhalaba la primera bocanada admitió que estaba nervioso, más que
nervioso asustado.
Sí, estoy asustado, ¿y qué?, tengo motivos para estarlo. Si la
operación sale mal nos vamos a la mierda. No sé para qué me metí en
esto, aún cuando consigamos el tótem queda ver si somos capaces de
utilizarlo. Mejor la llamo a Sofía y le digo que suspenda todo. No.
Mejor no. Sólo la pondría más nerviosa, además los pibes tienen el
celular apagado. ¿Y si me voy para allá?, sí, es lo mejor, le hago
compañía y evito que haga cualquier cagada.
Se puso una campera, salió de la oficina, saludó a los clientes que
esperaban y se detuvo frente al escritorio de la recepción. Lucía lo
miró sorprendida y su expresión se acentuó cuando le dijo que tenía
que salir y que era probable que no volviera hasta el día siguiente;
intentó tranquilizarla explicándole que era algo urgente pero no
grave y salió.
Luego de abrir la puerta del auto y antes de sentarse frente al
volante dirigió su vista hacia el frente del local y lo admiró con
orgullo: era la mejor peluquería de Quilmes, la más fashion, y lo más
importante es que era suya. ¿Quién hubiera sospechado que llegaría
hasta allí cuando debía soportar las burlas de sus pares en la
escuela o en el club por la delicadeza de sus modales y su dicción?
Seguramente la mayoría de sus verdugos estaban desocupados o
trabajando doce horas por un sueldo miserable. Era un pensamiento
repulsivo y trataba de evitarlo, pero de vez en cuando lo consideraba
eficaz para evaluar adecuadamente sus logros.
Se sentó, encendió el motor y puso primera.